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Pequeña Edad de Hielo

período frío que abarcó desde ca. 1400 hasta ca. 1850 en el hemisferio norte De Wikipedia, la enciclopedia libre

Pequeña Edad de Hielo
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La Pequeña Glaciación o Pequeña Edad de Hielo (PEH) fue un período de enfriamiento regional, particularmente pronunciado en la región del Atlántico Norte, que abarcó desde comienzos del siglo XIV hasta mediados del XIX, aunque el principio y final del periodo varía según los autores entre el año 1200 y 1890 respectivamente.[1] Durante la PEH, los glaciares de montaña se expandieron en varios lugares, incluidos los Alpes europeos, Nueva Zelanda, Alaska y el sur de los Andes,[2] aunque su máxima extensión no se alcanzó en todas partes simultáneamente.[3] Fue precedida por el denominado óptimo climático medieval (siglo X al XIV) y precedió al calentamiento global actual comenzado entre finales del siglo XIX y principios del XX.[4]

Etapas del Holoceno Inicio, en años
Aumento de temperatura 10.000 a. C.
Máximo del Holoceno 6000 a. C.
Enfriamiento 2500 a. C.
Periodo cálido medieval 900 d. C.
Pequeña Edad de Hielo 1300 d. C.
Calentamiento global 1850 d. C.
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Escena en el hielo, Hendrick Barentsz, 1625.

Inicialmente se pensó que era un fenómeno global, pero reconstrucciones más recientes indican lo contrario.[5] evidenciándose sólo en las reconstrucciones del Holoceno en el Hemisferio Norte con variaciones máximas de unos 0,5ºC, alcanzando máximo enfriamiento sobre 1700[6]

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Historia

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El término «Pequeña Edad de Hielo» (LIA, por sus siglas en inglés) fue acuñado por primera vez por el geólogo estadounidense de origen holandés François E. Matthes en 1939[7] que lo utilizó para referirse al resurgimiento de los glaciares en la región de Sierra Nevada, California, posteriormente al máximo térmico del Holoceno.[8]

Basándose en sus estudios sobre los glaciares de América del Norte, Porter y Denton (1967)[9][10] y Denton y Karlén (1973),[11] denominaron a este proceso «neoglaciación».

Debido a la posible confusión con las glaciaciones, el uso del término fue cuestionado por varios autores[1] pero acabó popularizándose, y sigue utilizándose tanto para describir el mencionado periodo de descenso de la temperaturas como las consecuencias asociadas con la la agricultura y la escasez de alimentos[12] sin relacionarlo con el avance de los glaciares.[4]

Bradley y Jones (1993), Hughes y Díaz (1994) y Crowley y Lowery (2000),[13] describen la Pequeña Edad de Hielo como «una época en la cual el hemisferio norte tuvo un modesto enfriamiento de menos de 1 °C». La NASA definió el término Pequeña Edad del Hielo como un periodo frío entre 1550 y 1850 con tres periodos particularmente fríos: uno comenzando en 1650 (Mínimo de Maunder 1645-1715), otro en 1770 y el último en 1850, cada uno separado por intervalos de ligero calentamiento;[14]

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Las causas

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El enfriamiento de la Pequeña Edad de Hielo puede atribuirse principalmente al aumento de la actividad volcánica reforzada en algunos momentos, en menor medida, por la reducción de la irradiación solar durante varios mínimos solares ( Wolf, Spörer, Maunder y Dalton). Ambos factores se combinaron con procesos dinámicos en la atmósfera superior del tipo de la reducción de la producción de ozono estratosférico y el debilitamiento del vórtice polar además de fenómenos en los océanos como el derretimiento del hielo y el debilitamiento de la circulación termohalina. Esto último se tradujo en una tendencia hacia un índice negativo de la Oscilación del Atlántico Norte. Es posible además que también se produjera una ligera tendencia al enfriamiento debido a los cambios en el uso del suelo por las pérdida de zonas forestales.[1]

Los modelos climáticos son consistentes con este origen en un sistema acoplado atmósfera-océano-hielo marino del Atlántico Norte y el Ártico amplificados principalmente por la actividad volcánica.[15]

La baja temperatura media registrada en algunos periodos de la Pequeña Edad de Hielo en Europa se deben principalmente al elevado número de inviernos fríos, con temperaturas medias de hasta 2-3ºC por debajo de las medias de finales del siglo XX[16] con veranos generalmente cálidos y secos con enfriamientos máximos en torno a 1ºC.[17]

La actividad solar

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Niveles de carbono 14.

Durante el período 1645-1715, en mitad de la Pequeña Edad de Hielo, la actividad solar reflejada en las manchas solares era sumamente baja, con algunos años en que no había ninguna mancha solar. Este período de baja actividad de la mancha solar es conocido como el Mínimo de Maunder. El eslabón preciso entre la baja actividad de las manchas solares y las frías temperaturas no se ha establecido, pero la coincidencia del Mínimo de Maunder con el periodo más profundo de la Pequeña Edad de Hielo ha sugerido en el pasado una conexión.[18] Los últimos estudios, sin embargo, invitan a no establecer esta conexión debido a que los modelos climáticos apuntan a la mayor relevancia de la actividad volcánica y se entiende que la reducción en la irradiancia solar total probablemente contribuyó poco al enfriamiento a un nivel comparable al cambio de uso agrícola del suelo.[19]

La actividad volcánica

A lo largo de la Pequeña Edad de Hielo, el mundo experimentó también una actividad volcánica elevada. Las grandes erupciones volcánicas producen nubes de sulfatos que acaban como aerosoles estratosféricos con permanencia de 1 a 2 años en promedio. Los aerosoles dispersan parte de la luz solar entrante de vuelta al espacio, enfriando el planeta. La capa de aerosoles circula además alrededor del globo, calentando la estratosfera mediante la absorción de radiación infrarroja y provocando un cambio en el equilibrio energético de la atmósfera. Además, las grandes erupciones provocan respuestas dinámicas acopladas de la atmósfera y los océanos que producen patrones regionales y estacionales característicos de las perturbaciones climáticas provocadas, pudiendo producir además cambios en escala de décadas en la circulación del océano Atlántico Norte que podría estar influida a su vez por cambios en el hielo marino del Ártico.[20]

Se ha sugerido que una serie de grandes erupciones a finales del siglo XIII, comenzando con la erupción del volcán Samalas en 1257 , redujeron el flujo de calor oceánico del Atlántico Norte hacia el Ártico hasta tal punto de provocar una retroalimentación que perpetuó este clima frío durante siglos y dio inicio a la PEH.[21] A este evento le siguieron otras tres erupciones menores en 1268, 1275 y 1284 que probablemente contribuyeron a mantener el enfriamiento. Otras inyecciones notables de sulfatos tuvieron lugar en 1452, 1600 y 1815, como resultado de las erupciones tropicales de Kuwae, Huaynaputina y Tambora, respectivamente.[20]

La más conocida a nivel popular es la erupción de Tambora en Indonesia que provocó el año sin verano de 1816, cuando hubo hielo y nieves en junio y julio en Nueva Inglaterra y el norte de Europa.

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Hemisferio sur

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Comparación durante el periodo 1990–2000, del glaciar San Rafael, en el sur de Chile, entrando mucho en el lago en 1998.

Kreutz et al. (1997) compararon resultados de estudios en la Antártida Occidental en muestras de hielo, parte del Proyecto Dos de Casquete Polar de Groenlandia (GISP2), sugiriendo una PEH sincrónica global.[22]

Las muestras de sedimento oceánico de la Meseta este de Bransfield en la península Antártica revelan eventos centenarios que los autores vinculan con la PEH y con el período cálido medieval.[23] Los autores notan «otros inexplicables eventos climáticos comparables en duración y amplitud con la PEH y PCM».

El domo Siple (DS) es un evento climático con una fecha de inicio que es coincidente con el de la PEH en el Atlántico Norte, basándose en la correlación con el registro GISP2. Ese evento climático es el más dramático en el registro glacioquímico DS del Holoceno.[24] Las muestras de hielo del domo Siple también contienen sus más altas tasas de fusión de capas (más del 8%) entre 1550 y 1700, más probablemente debido a los veranos cálidos durante la PEH.[25]

Las muestras de hielo del domo Law presentan niveles más bajos de CO2 mezclando relaciones durante 1550 a 1800, lo cual llevó a los investigadores Etheridge y Steele a conjeturar «probablemente a resultas de un clima global más frío».[26]

En África Austral, las muestras sedimentarias extraídas del lago Malawi indican que las condiciones frescas entre 1570 y 1820 sugieren que el lago Malawi registra «más soporte, y extensión, de la expansión global de la PEH».[27]

Una nueva reconstrucción de 3000 años de temperaturas basado en el crecimiento de estalagmita en una cueva en Sudáfrica sugiere un periodo frío de 1500-1800 «caracterizando la PEH sudafricana».[28]

Las muestras sedimentarias (Gebra-1 y Gebra-2) en la Meseta Bransfield, península Antártica, poseen indicadores neoglaciales diatomea y variaciones en la tasa mar-hielo durante el periodo de la PEH.[29]

Los datos de niveles paleooceánicos de las islas del Pacífico sugieren que tal nivel marino en la región baja, posiblemente en dos etapas, entre 1270 a 1475. Eso se asocia con la caída de 1,5 °C en temperatura, determinada por el análisis de isótopos de oxígeno, y un incremento de la frecuencia de El Niño.[30]

Las reconstrucciones de sondeos de Australia sugieren que, en los últimos 500 años, el siglo XVII fue el más frío en ese continente, aunque el método de reconstrucción de la temperatura de los sondeos no muestra una buena concordancia entre los hemisferios norte y sur[31]

Los datos de anillos de árboles de la Patagonia muestran episodios fríos entre 1270 y 1380 y de 1520 a 1670; períodos contemporáneos con eventos de LIA en el Hemisferio Norte[32][33]

Aunque anecdótico, en 1675 el explorador español Antonio de Vea entró en la Laguna San Rafael por el Río Témpanos, sin mencionar ninguna banquisa, y afirmó que el Glaciar San Rafael no llegaba lejos en la laguna. En 1766 otra expedición observó que el glaciar sí llegaba hasta la laguna y se partía en grandes icebergs. Hans Steffen visitó la zona en 1898 y observó que el glaciar penetraba en la laguna. Tales registros históricos indican un enfriamiento general en la zona entre 1675 y 1898, y "El reconocimiento de la LIA en la Patagonia septentrional, mediante el uso de fuentes documentales, proporciona pruebas importantes e independientes de la ocurrencia de este fenómeno en la región". A partir de 2001, el borde del glaciar ha retrocedido significativamente en comparación con los bordes de 1675.[34]

Las pruebas sobre las condiciones en Australia son limitadas, aunque los registros lacustres de Victoria sugieren que las condiciones, al menos en el sur del estado, fueron húmedas y/o inusualmente frías [cita requerida]. En el norte del continente, las escasas pruebas sugieren condiciones bastante secas, mientras que los núcleos de coral de la Gran Barrera de Coral muestran precipitaciones similares a las actuales, pero con menor variabilidad.

Los registros de coral del Pacífico tropical indican que la actividad más frecuente e intensa de El Niño-Oscilación del Sur se produjo a mediados del siglo XVII, durante la Pequeña Edad de Hielo.[35]

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La Pequeña Edad de Hielo en España

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La Pequeña Era Glacial habría llegado con retraso a la Península, existiendo, sin embargo, noticias de heladas importantes en la segunda mitad del siglo XV (1472). Siendo Juez de Teruel don Juan de Argent, en un comentario se anota:

«Esti año en mayo de echó un yelo que quemó las vinias fins adentro en Calatayud y Caragoça y a esta parte fasta Castiel (Castielfabib) y Ademuz».[36]
Una relación inédita de jueces de Teruel, Jaime Caruana Gómez de Barreda

Consta, asimismo, que en el siglo XVI (1540) causó sequías.[37] Quereda Sala y otros[38] mencionan que el Ebro se heló siete veces entre 1505 y 1789. En 1788 y de nuevo en 1789 el río permaneció helado durante quince días. El libro también menciona la presencia de una extensa red de neveros, o pozos de nieve, ventisqueros y glaciares que se construyeron y mantuvieron entre los siglos XVI y XIX a lo largo del Mediterráneo oriental, algunos ubicados en áreas donde no nieva en la actualidad un solo día al año. El almacenamiento y distribución de hielo era un negocio que involucraba secciones enteras de la población rural.

De hecho, en toda la Península Ibérica abundan las referencias a la inestabilidad climática, especialmente desde finales de la década de 1590. Muchas de estas menciones—en poesías, relatos, diarios personales, y documentos legales—han sido reunidas en el libro Exchanges, Crisis, and Climate: Readings on Early Modern Iberian Globalism (2023), que ofrece una mirada accesible y reveladora sobre cómo se vivieron y narraron esos cambios climáticos en la época.[39] El cronista franciscano Vicente Martínez Colomer (1803) refiere que mediado el siglo XVII, en la última sesión del Definitorio celebrado en el Convento de San Francisco (Valencia), que tuvo lugar el 20 de mayo de 1660, se dispensó a los conventos de Morella, Manzanera, Castielfabib y Agres del rezo de maitines (media noche), "desde noviembre hasta concluido febrero, por el frío excesivo", fenómeno climático que podría incluirse en el segmento temporal del Mínimo de Maunder (1645-1715).[40]

Hay también una amplia evidencia de que durante ese período los glaciares se extendieron en los Pirineos, fundiéndose desde entonces. Es más, los remanentes del glaciar de Sierra Nevada que finalmente sucumbió al final del siglo XX, se originaron en este momento, y no eran, como a veces se dice, restos de la última verdadera Edad de Hielo. Los últimos verdaderos glaciares de Sierra Nevada y los Picos de Europa se fundieron a finales del siglo IX. Se cree que las temperaturas en Europa durante el llamado óptimo climático medieval entre los siglos IX al XIII deben haber sido entre 1° y 1,5 °C superiores a la temperatura actual, suficiente para que estos glaciares, e incluso los de los Pirineos, se hubieran fundido. Los actuales glaciares de los Pirineos se formaron principalmente durante este periodo frío y han estado fundiéndose despacio desde entonces. El área de la superficie total de los glaciares en la vertiente sur de los Pirineos ha descendido desde las 1.779 ha en 1894 a 290 ha en el año 2000.[cita requerida]

Martin y Olcina en Clima y tiempo señalan en España cuatro períodos de sucesos catastróficos (mitad del siglo XV, 1570-1610, 1769-1800 y 1820-1860) señalados por lluvias intensas, nevadas y tormentas en el mar. Estos se mezclaron con los interludios de severas sequías.[41] Los autores encontraron que la Pequeña Edad de Hielo se caracterizó por periodos más lluviosos alternando con otros de sequía. Otros autores creen que la PEH se caracterizó en el sur de la península ibérica por un aumento de la lluvia, mayor frecuencia de las inundaciones y de la sedimentación en la Europa mediterránea.

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Evidencia anecdótica

Existe una amplia literatura sobre las consecuencias sociales y económicas de la Pequeña Edad de Hielo en Europa, pero generalmente se ha hecho la inferencia inversa desde anécdotas, como las heladas del Támesis y la desaparición del cultivo de la vid en Inglaterra, descritas detalladamente por Hubert Lamb[42] y Emmanuel Le Roy Ladurie [43][44] y popularizadas por Brian Fagan,[45] cuya relevancia como indicadores del clima de la época han sido cuestionados recientemente.[46][47] [19]

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El grupo de electropop español Fangoria grabó una canción titulada “La pequeña edad de hielo” para su álbum Absolutamente.

Véase también

Notas

Bibliografía

Enlaces externos

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