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Directorio (Francia)
forma de gobierno adoptada por la Primera República Francesa, durante la Revolución francesa De Wikipedia, la enciclopedia libre
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El Directorio fue la penúltima forma de gobierno adoptada por la Primera República francesa, durante la Revolución francesa. Establecido por la Constitución del Año III que aprobó la Convención termidoriana, se inició el 26 de octubre de 1795, y terminó con el golpe de Estado del 18 de brumario del Año VIII (9 de noviembre de 1799) que instauró el Consulado. Tras el período del Terror impuesto por el ala más extremista de los jacobinos, se produjo un retorno hacia posiciones más moderadas.

El Directorio estaba continuamente en guerra con coaliciones extranjeras, entre ellas Gran Bretaña, Austria, Prusia, el Reino de Nápoles, Rusia y el Imperio Otomano. Se anexionó Bélgica y la orilla izquierda del Rin, mientras que Bonaparte conquistó gran parte de Italia. El Directorio estableció 29 repúblicas hermanas de corta duración en Italia, Suiza y la Holanda. Las ciudades y estados conquistados debían enviar a Francia enormes cantidades de dinero, así como tesoros artísticos, que se utilizaron para llenar el nuevo museo Louvre de París. Un ejército dirigido por Bonaparte trató de conquistar Egipto y marchó hasta Saint-Jean-d'Acre en Siria. El Directorio derrotó un resurgimiento de la Guerra de la Vendée, la guerra civil dirigida por los monárquicos en la región de Vendée, pero fracasó en su empresa de apoyar la Rebelión irlandesa de 1798 y crear una República irlandesa.
La economía francesa estaba en crisis continua durante el Directorio. Al principio, el tesoro estaba vacío; el papel moneda, el Assignat, había caído a una fracción de su valor, y los precios se dispararon. El Directorio dejó de imprimir assignats y restableció el valor del dinero, pero esto provocó una nueva crisis; los precios y los salarios cayeron, y la actividad económica se ralentizó hasta paralizarse.
En sus dos primeros años, el Directorio se concentró en acabar con los excesos del Jacobino Reinado del Terror; cesaron las ejecuciones masivas y se suavizaron las medidas tomadas contra los sacerdotes y monárquicos exiliados. El club político jacobino fue clausurado el 12 de noviembre de 1794 y el gobierno aplastó un levantamiento armado planeado por los jacobinos y un revolucionario socialista precoz, François-Noël Babeuf, conocido como "Gracchus Babeuf". Pero tras el descubrimiento de una conspiración monárquica que incluía a un destacado general, Jean-Charles Pichegru, los jacobinos se hicieron cargo de los nuevos Consejos y endurecieron las medidas contra la Iglesia y los emigrados. Tomaron dos escaños adicionales en el Directorio, dividiéndolo sin remedio.
En 1799, tras varias derrotas, las victorias francesas en los Países Bajos y Suiza restauraron la posición militar francesa, pero el Directorio había perdido todo el apoyo de las facciones políticas, incluidos algunos de sus Consejeros. Bonaparte regresó de Egipto en octubre, y fue contratado por Abbé Sieyès y otros para llevar a cabo un golpe de Estado parlamentario el 9-10 de noviembre de 1799. El golpe abolió el Directorio y lo sustituyó por el Consulado francés dirigido por Bonaparte.
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Antecedentes
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El periodo conocido como Reinado del Terror comenzó como una forma de encauzar el fervor revolucionario, pero pronto degeneró en la resolución de agravios personales. El 17 de septiembre de 1793, la Ley de sospechosos autorizó el arresto de cualquier sospechoso de ser "enemigo de la libertad"; el 10 de octubre, la Convención Nacional reconoció al Comité de Seguridad Pública bajo Maximilien Robespierre como autoridad suprema, y suspendió la Constitución hasta que "se alcanzara la paz".[1]
Según los archivos, entre septiembre de 1793 y julio de 1794 fueron ejecutadas unas 16.600 personas acusadas de actividades contrarrevolucionarias; otras 40.000 podrían haber sido ejecutadas sumariamente o haber muerto a la espera de juicio.[2] En su punto álgido, el menor indicio de pensamientos contrarrevolucionarios podía poner a uno bajo sospecha, e incluso sus partidarios empezaron a temer que su propia supervivencia dependiera de la eliminación de Robespierre. El 27 de julio, él y sus aliados fueron arrestados y ejecutados al día siguiente.[3]
En julio de 1794, la Convención estableció un comité para redactar lo que se convirtió en la Constitución de 1795. Diseñada en gran parte por Pierre Daunou y Boissy d'Anglas, establecía una legislatura bicameral, destinada a ralentizar el proceso legislativo, poniendo fin a los alocados vaivenes políticos de los anteriores sistemas unicamerales. Los diputados se elegían por sufragio indirecto, con un total de unos 5 millones de electores que votaban en primarias por 30.000 electores, es decir, el 0,5% de la población. Como también estaban sujetos a una estricta calificación patrimonial, se garantizaba el regreso de los diputados conservadores o moderados.[4]
El Directorio se estableció tras la Constitución del Año III que fue adoptada por referéndum el 24 de septiembre de 1795,[5] y se constituyó tras las primeras elecciones que se celebraron del 12 al 21 de octubre de 1795. El 25 de octubre la Convención Nacional celebró su última reunión; el Comité de Seguridad Pública se disolvió o, mejor dicho, desapareció antes de finales de mes.[6] El 31 de octubre, además de Paul Barras, fueron elegidos directores Jean-François Reubell, Louis-Marie de La Révellière-Lépeaux, Étienne-François Le Tourneur y Emmanuel-Joseph Sieyès.
Según la nueva Constitución, la Convención es disuelta y reemplazada por una nueva organización política. El poder legislativo reside en una asamblea bicameral compuesta por el Consejo de los Quinientos (electos por sufragio censitario) y el Consejo de los Ancianos (electos por el Consejo de los Quinientos). El poder ejecutivo va a recaer en un Directorio compuesto de cinco "directores", electos por quintos cada año por el Consejo de Ancianos. La Constitución del año III buscaba impedir una nueva dictadura personalista o colectiva como la que se impuso en su etapa final con Robespierre estableciendo el sufragio censitario, que favorecía a la clase política burguesa y moderada. Después de que el Directorio procediera a la depuración política de las instituciones de la República y juzgara a algunos responsables de El Terror, durante todo ese periodo los Jacobinos y los antiguos sans-culottes fueron objetos de una ola de persecuciones y asesinatos sistemáticos por parte de grupos monárquicos vengativos. Este Terror Blanco monárquico se vio reforzado por la represión institucional tras los intentos de levantamientos jacobinos del 1 de abril y del 20 de mayo de 1795 (12 germinal y 1 de pradial del año III). Los monárquicos a su vez alimentaban disturbios cada vez más violentos manteniendo presiones constantes sobre el gobierno y el Consejo de los Quinientos. Ante la situación permanente de inestabilidad a la que tuvo que hacer frente el Directorio, este terminaría el 9 de noviembre de 1799 con el golpe de Estado del 18 de brumario, protagonizado por Napoleón Bonaparte.
La etapa de directorios se puede dividir en dos: la primera que se desarrolla desde 1795 hasta 1797, y la segunda que va desde el 1797-1799. Este primer directorio eligió a 5 republicanos con experiencia y con un pasado moderado. La misión del directorio es hacer la guerra al monarquismo, reavivar el patriotismo, reprimir las facciones anteriores y hacer reinar la concordia.
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Primer directorio (1795-1797)
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Como ha señalado Jeremy D. Popkin, el nuevo régimen del Directorio se enfrentaba a un gran desafío ya que «tenía pocos partidarios verdaderos, el argumento más sólido a su favor era que las alternativas —el regreso del intransigente Luis XVIII o un resurgimiento del jacobinismo militante— eran demasiado aterradoras para contemplarlas siquiera». «La gente corriente podía renegar del carácter elitista del nuevo gobierno, perro la existencia del Terror la había dejado demasiado desilusionada para levantarse contra él», añade Popkin.[7]

La primera tarea de los nuevos consejos, el Consejo de los Ancianos y el Consejo de los Quinientos, fue nombrar a los primeros miembros del Directorio. Emmanuel Joseph Sieyès rechazó el puesto, y resultaron elegidos cinco republicanos que habían sobrevivido al Terror y que habían votado a favor de la ejecución del rey Luis XVI: Jean-François Reubell, que había sido diputado en la Asamblea Nacional Constituyente (se ocuparía fundamentalmente de la política exterior); Lazare Carnot, antiguo miembro del Comité de Salvación Pública que había sobrevivido a la reacción de Termidor (se ocuparía del ejército y de los asuntos militares, su especialidad); Étienne-François Le Tourneur, con escaso peso político (se ocuparía de la marina); Louis-Marie de La Révellière-Lépeaux, que permaneció escondido durante el Terror por sus vínculos con los girondinos (se ocuparía de los asuntos religiosos, llegando a impulsar un culto deísta, la teofilantropía); y Paul Barras, el director con mejor imagen pública —de hecho será el único que se mantendrá en el cargo durante los cuatro años de existencia del Directorio— y que se ocuparía de los asuntos internos y de la policía. Para subrayar su independencia del poder legislativo, los cinco directores y sus familias se instalaron en el Palacio de Luxemburgo, a más de un kilómetro del Palacio de las Tullerías donde se reunían los Consejos. Otra forma de diferenciarse fue la abigarrada vestimenta oficial que escogieron, que contrastaba con la simplicidad de la que llevaban los dirigentes de la época del «El Terror».[8]

Los directores heredaron una difícil situación social y económica. La agitación de las clases populares urbanas, especialmente en la capital, no había desaparecido ya que la cosecha de 1795 no había sido muy abundante (la policía informaba de que en las calles del faubourg Saint-Antoine de París las mujeres «utilizan los más escandalosos epítetos para describir al gobierno») y las acciones de bandas de delincuentes, algunas de ellas de tendencia monárquica, continuaban sembrando la inseguridad y el miedo en algunas regiones. Pero el problema más grave era la inflación del asignado que a finales de 1795 había alcanzado tal nivel que los de denominaciones más pequeñas no valían el papel en el que estaban impresos. La solución que se adoptó en marzo de 1796, sustituir el asignado por un nuevo papel moneda, el mandat (respaldado por los bienes inmuebles que el gobierno poseía y que iba a sacar al mercado), no resolvió el problema ya que en un mes este perdió el 80 por cien de su valor (un informe de la policía ya predijo el fracaso porque las tierras confiscadas, «que son los únicos recursos del gobierno para cubrir los gastos indispensables de la guerra, no producirán las sumas que se esperan; caerán en manos de especuladores con los bolsillos llenos de mandats, adquiridos a precios de ganga, los entregarán al gobierno a su valor nominal y revenderán [las tierras nacionales compradas] por dinero en metálico ante los ojos de las autoridades a quienes culpan de la situación»). Finalmente se acordaría abandonar el papel moneda y volver a la moneda metálica, lo que provocaría el efecto contrario: un proceso deflacionista que contrajo la actividad económica.[9]
En este clima de crisis social y económica los jacobinos intentaron revivir su movimiento integrándose en el nuevo Club du Panthéon ya que el Club des jacobins continuaba prohibido. El Directorio reaccionó ordenando al general Bonaparte, comandante del Ejército del interior, que cerrara el club, lo que llevó a cabo a finales de febrero de 1796.[9] Dos meses y medio después, el 10 de mayo, la policía detenía a los principales implicados en la «Conspiración de los Iguales» y algo más tarde a su líder François Babeuf, más conocido como Gracchus Babeuf, quien desde el invierno venía desplegando una campaña de agitación radical desde su periódico Le Tribun du peuple defendiendo la abolición de la propiedad privada y la creación de una sociedad «comunista» en la que todos los bienes serían comunes y compartidos por igual por la población. «La tierra no pertenece a nadie, pertenece a todos... Si alguien se lleva algo más de lo que necesita para alimentarse es un robo a la sociedad», escribió. Para alcanzar ese objetivo Babeuf reclutó un grupo clandestino para la toma del poder dirigido por el Directorio Insurgente de Seguridad Pública, presidido por él mismo junto con tres de sus partidarios. En la Declaración de Insurrección que habían preparado denunciaron que el Directorio «opresor» había «ultrajado, degradado y abolido las cualidades y las instituciones de la libertad y de la democracia» y «había asesinado a los mejores amigos de la República». La conspiración fue descubierta en mayo gracias a un agente doble, aunque el juicio no se celebró hasta febrero del año siguiente. Babeuf fue condenado a muerte y ejecutado el 27 de mayo, junto con su compañero de conspiración Augustin Darthé. Fueron absueltos por falta de pruebas la mayoría del resto de los 60 acusados.[10]
Durante estos primeros meses de 1796 también se abortó un intento de resurgimiento de la chouannerie en Bretaña. El general Lazare Hoche derrotó a las bandas chuanes y dos de sus principales líderes, Jean-Nicolas Stofflet y François de Charette, fueron capturados y ejecutados. Un nuevo golpe para los que aspiraban a la restauración de la monarquía lo constituyó la destitución al frente del ejército del Rin del general Jean-Charles Pichegru, en contacto con los realistas de los que había recibido dinero y a los que no había impedido que distribuyeran propaganda entre sus tropas. Le sustituyó Jean Victor Marie Moreau, a pesar de sus dudosas convicciones republicanas.[11]

El mismo mes de marzo de 1796 en que se produjo el relevo al frente del ejército del Rin, el general Bonaparte, respaldado por el director Barras, inició la que sería una exitosa campaña militar en el norte de Italia, a pesar de las precarias condiciones que padecían los ejércitos de la República —por falta de fondos las tropas no recibían su paga y no estaban ni adecuadamente alimentadas, ni vestidas, ni equipadas—. En sus memorias Bonaparte relató que para ganar su confianza les prometió a sus hombres que iba a llevarlos «a las llanuras más fértiles de la tierra» donde «encontrarían honor, gloria y riquezas». Primero aplastó al ejército del Piamonte y a continuación se dirigió a Milán, capital de la Lombardía austríaca. Cerca de allí derrotó en la batalla del puente de Lodi (16 de mayo) al ejército austríaco, que se retiró a la fortaleza de Mantua. Tras la victoria en las batalla del puente de Arcole y de Rivoli Mantua no pudo resistir por más tiempo el asedio del ejército francés y el 2 de febrero de 1797 se rindió, con lo que el camino hacia Viena desde el sur a través de los Alpes quedaba expedito. Un éxito espectacular que contrastaba con las derrotas sufridas por los ejércitos de Jean-Baptiste Jourdan y de Moreau en el Rin a finales de agosto.[12]

Bonaparte impuso fuertes tributos en dinero y en obras de arte a los territorios conquistados (los objetos de arte fueron enviados a París con el «argumento» de que, como publicó Le Moniteur, «en virtud de su poder y la superioridad de su cultura y sus artistas, la República francesa es el único gobierno del mundo que puede proporcionar un refugio para estas obras maestras»). En cuanto al dinero una parte la envió a Francia, proporcionando al Directorio los fondos que necesitaba, y otra la utilizó para pagar a sus soldados, acrecentando así su lealtad. Pero también adoptó su propia política haciendo caso omiso de las instrucciones del Directorio. Como ha señalado Jeremy D. Popkin, «los acontecimientos de Lodi dispararon las ambiciones de Bonaparte», quien escribiría en sus memorias: «Ya no me consideraba un simple general, sino un hombre llamado a decidir el destino de los pueblos». Así en otoño de 1796 permitió la fundación de la «República Cispadana», con capital en Bolonia, que incluía los pequeños principados y las partes de los Estados Pontificios ocupados por las tropas francesas al sur del río Po, y que fue ampliada con los territorios cedidos por el por el Papa Pío VI en el draconiano Tratado de Tolentino de febrero de 1797 a cambio de que Bonaparte no ocupara Roma —el Directorio, por el contrario, apostaba por el mantenimiento de los pequeños estados italianos para evitar la formación de «un gigante cuyo gran tamaño sería motivo de vergüenza para nosotros algún día», como había dicho Barras—. También en contra de la opinión del Directorio no se opuso a que la República cispadana proclamara el catolicismo como su religión oficial. «Mientras los ministros de la religión mantengan principios verdaderos... los respetaré, respetaré su propiedad y sus costumbres, ya que contribuyen al orden público y al bien común», declaró.[12]
En la primavera de 1797 Bonaparte se dirigió hacia Viena, la capital del Imperio Habsburgo que llevaba en guerra contra Francia desde hacía cinco años. El 7 de abril había llegado a Leoben, muy cerca de Viena, y allí se concertó la Paz de Leoben firmada por Bonaparte sin el conocimiento del Directorio. Según lo acordado en el tratado los Países Bajos Austríacos (la actual Bélgica) pasaban a Francia, aunque no los territorios alemanes al oeste del río Rin (un objetivo que formaba parte del viejo proyecto revolucionario de alcanzar las «fronteras naturales de Francia»), y a cambio Bonaparte se comprometía a invadir la neutral República de Venecia, cediéndola a continuación a los austríacos.[13]
En el mismo mes de abril de 1797 en el que Bonaprte concertó con los austríacos la Paz de Leoben, se celebraron en Francia las primeras elecciones para la renovación de un tercio de los miembros de los Consejos. En las asambleas electorales los candidatos gubernamentales y los antiguos miembros de la Convención fueron derrotados y en su lugar resultaron elegidos los candidatos conservadores, buena parte de ellos monárquicos encuadrados en el Instituto Filantrópico organizado por el exdiputado de la Asamblea Nacional Constituyente Antoine Balthazar Joseph d'André. Desde diversos sectores ya se venía advirtiendo que entre los propietarios —los únicos que tenían derecho al voto, según lo establecido en la Constitución francesa de 1795 que había restaurado el sufragio censitario— había crecido la oposición al Directorio y el apoyo a la alternativa monárquica (o a una revisión de la Constitución republicana de 1795 en un sentido conservador). Desde finales de 1794 estos políticos conservadores se venían reuniendo en casa de uno de ellos en la Rue de Clichy, de ahí que fueran conocidos como el «Club de Clichy».[14]
Cuando se reunieron los Consejos los diputados conservadores del «nuevo tercio» consiguieron que resultara elegido como nuevo director en sustitución de Letourneur François Barthélemy, un exaristócrata y diplomático, y que el nuevo presidente del Consejo de los Quinientos fuera el general Pichegru, uno de los líderes del Club de Clichy (y cuyas conexiones con los monárquicos se conocieron poco después gracias a la documentación que Bonaparte envió desde Italia). Sin embargo, las críticas a la fase republicana de la Revolución y a los políticos que la habían apoyado —«Ya saben los males que han causado en Francia los atroces decretos que estos mismos hombres han dejado durante los últimos cinco años», declaró un diputado conservador— imposibilitó su alianza con los republicanos moderados que podrían haber estado dispuestos a formar una coalición con ellos. También propusieron suavizar las restricciones a las celebraciones religiosas públicas y permitir el toque de campanas, lo que fue duramente criticado desde la prensa republicana.[15]

Los miembros del Directorio estaban divididos sobre la política a seguir respecto de la nueva mayoría en los Consejos. Carnot defendió el compromiso con los conservadores más moderados y propuso la destitución de los ministros más claramente republicanos. Defendiendo la política opuesta se encontraban Reubell, quien en cuanto se conocieron los resultados de las elecciones había propuesto anularlas e impedir que los nuevos diputados tomaran posesión de sus escaños, y Larevellière-Lépeaux, a los que se unió finalmente Barras, quien ya había ordenado al general Lazare Hoche que llevara sus tropas a París (lo que violaba la Constitución que establecía que las unidades militares no podían acercarse a menos de 30 kilómetros de la capital). Ante las dudas de Hoche, Bonaparte envió al general Pierre François Charles Augereau que fue el que finalmente encabezó el Golpe de Estado del 18 de fructidor del año V (4 de septiembre de 1797). Sus soldados rodearon el palacio de las Tullerías donde se reunían los Consejos y detuvieron a Barthélemy, el director recientemente elegido, mientras que el director Carnot lograba escapar.[16]
El golpe se justificó alegando que existía un «vasto proyecto de restauración de la monarquía» y de «resurrección» del «fanatismo» (en referencia al catolicismo) que estaba apoyado por «numerosos miembros de los Consejos», según el informe que presentó el ministro de Policía, Pierre Jean-Marie Sotin de La Coindière. Se pidió a los Consejos que apoyaran la detención y deportación a la Guayana de 65 supuestos contrarrevolucionarios, incluidos 53 diputados, además de los dos directores Barthélemy y Carnot (sustituidos por Nicolas François de Neufchâteau y Philippe-Antoine Merlin de Douai), y se declararon nulos los resultados electorales en más de la mitad del país, lo que supuso la destitución de más de cien diputados que fueron sustituidos por republicanos «leales». Asimismo el Directorio suprimió más de treinta periódicos de derechas y ordenó la detención de sus directores y editores, aunque la mayoría de ellos lograron escapar (y algunos periódicos reaparecerían con otros nombres), al igual que la mayoría de los políticos conservadores, entre ellos el líder termidoriano François-Antoine de Boissy d'Anglas. Como ha señalado Jeremy D. Popkin, los «triunviros» Reubell, Larevellière-Lépeaux y Barras «dieron una lección magistral sobre cómo un régimen con pocos apoyos podía acabar con sus oponentes» y «lograron hacerlo dentro de los márgenes de la ley, aunque por poco, y controlar la situación tras la victoria». Pero el golpe «no se llevó a cabo para democratizar el sistema», sino que «se arriesgaron a invitar a los militares a entrar en política», sentando «un precedente que se volvería contra ellos» (el golpe de Estado del 18 de brumario de dos años más tarde), añade Popkin.[17]
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Segundo directorio (1797-1799)
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El segundo directorio se caracterizó por establecer un régimen autoritario que abusaba de su poder, anulando unas elecciones en los distritos porque daban la victoria a sus rivales.[cita requerida]
Durante 1797 y 1799, Francia disfrutó de unas excelentes cosechas que relajaron la tensión social, pero el segundo directorio no pudo mantener una estabilidad política para consolidar su autoridad. Por una parte, es debido a la política de expansión territorial, en este momento solo seguía la guerra con Inglaterra y como era imposible atacarla directamente, Bonaparte y Talleyrand decidieron cortar su vía comercial invadiendo Egipto.
En el mismo momento Francia atacó Suiza e Italia creando unas repúblicas, dependientes de Francia. Se crea una segunda coalición de países entre 1798 y 1799 entre Inglaterra, Rusia, Turquía, Nápoles y Suecia. Renace el espíritu de lucha contra las naciones aristocráticas. Tras varias derrotas, los ejércitos republicanos tienen que retroceder en todos los frentes, pero mantienen sus fronteras naturales. Este repliegue acarrea una crisis en el directorio, los neo-jacobinos, que fueron los principales perjudicados por la manipulación electoral, van a exigir el sometimiento de los directores a los consejos legislativos. Este golpe parlamentario va a devolver las iniciativas a los neojacobinos que van a imponer un estilo político muy parecido al del comité de salvación pública. Algunas de sus medidas fueron obligar a los ciudadanos más acomodados a pagar los gastos del ejército mediante un préstamo obligatorio, represalias contra las familias de emigrados y pedir la vuelta al terror en la prensa.
En estos momentos la República está en una encrucijada: cualquier acción podía hacer que la balanza se incline hacia la monarquía o hacia el jacobismo. La mayoría de franceses, los propietarios agrícolas y la burguesía pedían calma política y estabilidad social. En estas circunstancias Sieyès, un miembro destacado del directorio, va a organizar un golpe de Estado para salvar a la República, entonces entrará en acto Napoleón y su posterior Imperio.
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Educación y ciencia
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El sistema educativo de Francia se encontraba en un estado caótico al comienzo del Directorio. El Colegio de la Sorbona y la mayoría de los otros colegios de la Universidad de París habían sido cerrados debido a su estrecha asociación con la Iglesia Católica y no reabrieron hasta 1808. Las escuelas administradas por la Iglesia Católica también habían sido cerradas y cualquier tipo de instrucción religiosa prohibida. El gobierno de los jacobinos durante la Convención creó varias instituciones científicas nuevas, pero se había concentrado en la educación primaria, que decretó obligatoria y gratuita para todos los jóvenes, pero había pocos profesores disponibles. Al prohibir la educación religiosa, apoderarse de la propiedad de la Iglesia y expulsar al clero, cerraron efectivamente la mayor parte del sistema educativo del país.
Al comienzo del período, el Directorio revirtió la política de educación obligatoria y gratuita para todos, en gran parte por la falta de dinero para pagar a los maestros. El Directorio comenzó a crear un sistema de escuelas centrales, con la meta de una en cada departamento, a la que pudieran asistir los niños desde los doce años, con un currículo completo de ciencias, historia y letras. El estado pagó una parte del costo, mientras que cada estudiante también pagó una tarifa al profesor. Las nuevas escuelas tenían bibliotecas (en su mayoría confiscadas a la nobleza), pequeños jardines botánicos y museos de historia natural. Por primera vez en las escuelas francesas, el francés en lugar del latín fue la base de la educación. Tres de estas escuelas se organizaron en París; dos de ellos se convirtieron más tarde en los famosos Lycée Henri IV y Lycée Charlemagne. Pero al final del Directorio había solo 992 estudiantes en las tres escuelas de París.[18]
Para la educación primaria, cada "arrondissement" de París tenía una escuela para niños y otra para niñas, y se suponía que cada comuna en el país tenía lo mismo. Como el estado carecía de dinero, los maestros eran pagados por la comuna o por los estudiantes. Una vez que un estudiante aprendió a leer, escribir y contar, se graduó. En las aldeas, la escuela a menudo estaba ubicada en la antigua iglesia y se esperaba que los maestros, como parte de sus deberes, acarrearan agua, limpiaran la iglesia, tocaran las campanas y, cuando fuera necesario, cavaran tumbas en el cementerio.[19]
Las opciones eran mayores para los niños de clase media y media alta, ya que estas familias tenían tutores o enviaban a sus hijos a escuelas privadas, pero para gran parte de la población la escolaridad era mínima. Había 56 escuelas públicas en el departamento de Seine, que por la población debería haber tenido al menos 20 000 estudiantes; pero solo tenían entre 1100 y 1200.[19]
Las continuas guerras durante el Directorio también tuvieron su efecto en la educación. A partir de octubre de 1797, los niños de las escuelas públicas debían participar en ejercicios militares periódicos y el Directorio estableció cinco escuelas militares, llamadas "Écoles de Mars", para un total de 15 000 estudiantes. La asistencia era un requisito para ingresar a las escuelas superiores de ingeniería y obras públicas.
El Directorio concentró su atención en la educación secundaria y especialmente en la creación de escuelas superiores especializadas para formar administradores, jueces, médicos e ingenieros, para lo cual había una necesidad inmediata y apremiante. La École Polytechnique había sido fundada por un miembro del Directorio, Lazare Carnot y el matemático Gaspard Monge, en 1794. La escuela se convirtió en la más prestigiosa de las escuelas de ingeniería y obras públicas en Francia. Sin embargo, al final del Directorio todavía no había facultades de derecho y solo dos facultades de medicina fuera de París.
El Institut de France también fue fundado en 1795 por Lazare Carnot y Monge, para reunir a los científicos e investigadores, que anteriormente habían trabajado en academias separadas, para compartir conocimientos e ideas. Estaba dividido en tres grandes secciones: ciencias físicas y matemáticas; ciencias morales y políticas; y la literatura y las bellas artes. Organizó el gran grupo de científicos y eruditos que acompañaron a Napoleón a Egipto, que descubrió tesoros como la Piedra de Rosetta, que permitió descifrar los jeroglíficos egipcios. Uno de los primeros miembros y oradores del Institut de France fue Napoléon Bonaparte, quien tomó el lugar de Carnot después de que éste fuera retirado del Directorio y abandonara Francia.
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Lista de Directores
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Véase también
Referencias
Bibliografía
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