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Palmo de narices

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Palmo de narices
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Un palmo de narices, con dos palmos de narices o por dos palmos de narices son expresiones populares que en la lengua castellana tienen un significado de frustración, chasco o desaire, expresada en frases como "se fue y me dejó con un palmo de narices" (o sea 'plantado', compuesto y sin novia, o en suma, sin 'conseguir el objetivo que pretendía').[1][2] En el DRAE, como locución verbal coloquial, se explica que "dejar a alguien con 'tantas' narices..." viene a expresarse con la construcción "dejar con un palmo de narices".[3][4]

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Ilustración de Vilhelm Pedersen.

Puede usarse, según contextos, como sinónimo de haber sido burlado, e incluso como evocación física de una medida de longitud; así, los palmos se pueden multiplicar, llegando a encontrarse construcciones lingüísticas con varios palmos: "estuve a tres palmos de narices" o "no lo consiguió por varios palmos de narices", etc.[5][6]

Este sentido de haber sido burlado o decepcionado se ha asociado -en algún caso- al gesto físico de burla que consiste en extender la palma de la mano ante la nariz tocándola con la punta del pulgar.[7] De uso común en muchos países, su origen ha sido rastreado en iconografía tan antigua como la de la ciudad de Pompeya, cuyos niños, según Alfred Delvau, ya conocían este gesto.[8]

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En la literatura

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De entre los abundantes y variopintos ejemplos que la literatura ofrece del uso de esta expresión, puede escogerse este párrafo de Galdós, en su novela del ciclo fantástico El caballero encantado:[9]

"La preciosa y juguetona ardilla que por largo tiempo fue el alivio de mi soledad, pertenece al sexo femenino, como sabes; es una hembrita honesta, que no ha conocido varón, y bien puedo asegurarlo, porque la tengo desde chiquitita; la recogí del regazo de su mamá en Egea de los Caballeros; la he criado, dándole buena educación y enseñándole los mejores modos. Aunque traviesa y correntona de su natural, sabe lo que es respeto y obediencia a los superiores. Me quiere a mí tanto como la quiero yo a ella. De mí se escapó por un susto, y si ahora me viera, hacia mí vendría con brinco alegre, dejando con un palmo de narices a todas las monjas y priores y provinciales de la cristiandad.".
Benito Pérez Galdós

Y para dar certeza de su uso a uno y otro lado del Atlántico, puede valer esta escena encontrada en un cuento del mexicano Alfonso Reyes:[10]

"Y así fue como la chica de Copacabana aseguró su alojamiento en un edificio flamante, redimió sus muebles, remozó su renombre, hizo un palmo de narices a sus ingratos, salió de la insolvencia por unos cuantos días, y compró para unas cuantas noches su tranquilidad y buen sueño".
Alfonso Reyes
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Véase también

Referencias

Enlaces externos

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