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Tomás Paleólogo
Déspota de Morea De Wikipedia, la enciclopedia libre
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Tomás Paleólogo (en griego: Θωμᾶς Παλαιολόγος, romanizado: Thōmas Palaiologos, en serbio: Тома Палеолог, romanizado: Toma Paleolog; 1409 - 12 de mayo de 1465) fue déspota de Morea desde 1428 hasta la caída del Despotado en 1460, aunque continuó reclamando el título hasta su muerte cinco años después. En 1428 su hermano mayor, el emperador bizantino Juan VIII Paleólogo, lo designó como déspota, con lo que se sumó a sus hermanos Teodoro y Constantino, quienes ya ejercían el gobierno en la región. Mientras Teodoro mostró poca disposición a colaborar, Tomás y Constantino trabajaron juntos para fortalecer el despotado y expandir sus fronteras. En 1432, mediante matrimonio con Catalina Zaccaria, heredera del Principado latino de Acaya —establecido durante la cuarta cruzada más de dos siglos antes—, logró incorporar los últimos territorios de dicho principado al dominio bizantino.
En 1449, respaldó la ascensión de Constantino al trono como emperador, a pesar de las intrigas de su otro hermano, Demetrio, quien también aspiraba al poder. Una vez coronado, el emperador encargó a Tomás y Demetrio el gobierno conjunto de Morea, aunque las constantes disputas entre ambos dificultaron la administración compartida. Después de la caída de Constantinopla en 1453 y el fin del Imperio bizantino, el sultán otomano Mehmed II permitió que los hermanos continuaran gobernando Morea como vasallos. Mientras Tomás buscaba convertir el despotado en un punto de partida para restaurar el imperio con apoyo del papado y de Europa Occidental, Demetrio optó por colaborar con los otomanos. La creciente rivalidad entre ambos llevó finalmente a Mehmed a invadir y conquistar Morea en 1460.
Tomás logró escapar con su esposa y sus tres hijos menores —Zoe, Andrés y Manuel— hacia Modona, bajo control de la República de Venecia, y luego a Corfú, donde permaneció su familia. En busca de apoyo para una cruzada que recuperara sus tierras y, quizá, el Imperio bizantino, viajó a Roma, donde lo acogió el papa Pío II, pero las esperanzas de reconquista nunca se concretaron y murió en la misma ciudad el 12 de mayo de 1465. Su hijo mayor, Andrés, heredó sus pretensiones e intentó también reunir apoyo para restaurar el Despotado y el Imperio perdido.
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Biografía
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Contexto
Primeros años y nombramiento como déspota
A medida que el Imperio bizantino se desmoronaba y fragmentaba durante el siglo XIV, los emperadores de la dinastía Paleólogo llegaron a la conclusión de que la única forma segura de mantener sus posesiones era entregarlas como apanajes a sus hijos junto con el título de déspota para que las defendieran y gobernaran.[1] El emperador Manuel II Paleólogo tuvo seis hijos que sobrevivieron a la infancia; el mayor de ellos, Juan, ascendió a coemperador y se le designó como sucesor para gobernar en solitario tras la muerte de su padre. El segundo, Teodoro, sería nombrado déspota de Morea, mientras que el tercero, Andrónico, recibió el título de déspota de Tesalónica en 1408, cuando apenas tenía ocho años. Los hijos menores —Constantino, Demetrio y Tomás (el menor, nacido en 1409)— permanecieron en Constantinopla, ya que no quedaban suficientes tierras que pudieran recibir.[2] Los cinco hijos menores —Teodoro, Andrónico, Constantino, Demetrio y Tomás— eran descritos con frecuencia como porfirogénetas («nacidos en la púrpura»), es decir, nacidos en el palacio imperial durante el reinado de su padre, una distinción que al parecer no compartió Juan, el heredero al trono.[3]
Los hermanos Paleólogo no siempre mantuvieron relaciones armoniosas. Aunque Juan y Constantino parecían llevarse bien, los vínculos de este último con Demetrio y Tomás no eran tan amistosos;[3][4] estas tensiones se hicieron evidentes cuando Juan, ya como emperador Juan VIII, lo nombró déspota de Morea en 1428. Sin embargo, Teodoro se negó a abandonar el cargo, lo que hizo que, por primera vez desde su creación en 1349, el despotado quedara bajo el gobierno de dos miembros de la familia imperial. Poco después, Tomás, con 19 años, también se le nombró para gobernar la misma provincia,[5] lo que llevó a que el Despotado, aunque nominalmente indivisible, se fragmentara en la práctica en tres principados menores.[6]
Teodoro no cedió la capital del Despotado, Mistrá, a Constantino ni a Tomás. En su lugar, le asignó a Constantino varios territorios en Morea, como el puerto norteño de Egio, fortalezas y ciudades en Laconia (al sur), y las regiones de Kalamata y Mesenia en el oeste; estableció su capital en la ciudad de Glarentza. Por su parte, Tomás recibió tierras en el norte y se instaló en el castillo de Kalávrita.[6]
Gobierno como déspota en el Imperio bizantino
El fortalecimiento de Morea

Poco después de ser nombrados déspotas, Tomás y Constantino decidieron unir fuerzas para intentar tomar el próspero y estratégico puerto de Patras, ubicado al noroeste de Morea, entonces bajo control de su arzobispo católico, Pandolfo Malatesta.[7][8] La campaña fracasó, posiblemente debido a la reticencia de Teodoro a participar, y marcó la primera experiencia bélica de Tomás. Más adelante, Constantino logró capturar Patras por su cuenta con lo que puso fin a 225 años de dominio extranjero.[9]
Durante los primeros años de gobierno de Tomás en Morea también se lograron importantes conquistas. Durante años, los hermanos Paleólogo habían estado arrebatando los últimos territorios del Principado de Acaya, un estado cruzado fundado tras la cuarta cruzada en 1204, que alguna vez dominó casi toda la península.[10] Fue Tomás quien finalmente puso fin al Principado al casarse con Catalina Zaccaria, hija y heredera de su último gobernante, Centurión II Zaccaria.[11][12] Con la muerte de su suegro en 1432, pudo reclamar sus posesiones restantes.[13] Para la década de 1430, ambos hermanos habían logrado que casi todo el Peloponeso volviera a estar en manos bizantinas por primera vez desde 1204, con excepción de algunas ciudades portuarias aún controladas por la República de Venecia.[14][15][16]
Estos avances preocuparon a Murad II, sultán del Imperio otomano, que ocupaba la mayor parte de los antiguos territorios bizantinos y había reducido tanto al Imperio como al Despotado a la condición de estados vasallos.[17] En 1431, Turahan Bey, general turco y gobernador de Tesalia, envió tropas al sur con el objetivo de destruir la principal línea defensiva de Morea, el muro del Hexamilión, como recordatorio de la subordinación de los déspotas al sultán.[18][19]

En marzo de 1432, Constantino, que quizás deseaba estar más cerca de Mistrá, firmó un nuevo acuerdo territorial —con la aprobación de Teodoro y del emperador Juan VIII— con Tomás. Este último accedió a ceder la fortaleza de Kalávrita a su hermano, quien la convirtió en su nueva capital, a cambio de la región de Elis, que Tomás tomó como sede.[18][20] Aunque en 1432 las relaciones entre los tres déspotas parecían cordiales, pronto se deterioraron. Dado que el emperador no tenía hijos, se asumió que su sucesor sería uno de sus cuatro hermanos aún vivos (pues Andrónico ya había fallecido).[21] La preferencia del emperador recaía en Constantino, decisión aceptada por Tomás, quien mantenía una buena relación con su hermano mayor, pero rechazada por Teodoro, de edad aún más avanzada.[22] Cuando convocaron a Constantino a Constantinopla en 1435, Teodoro sospechó que sería nombrado coemperador y heredero oficial —lo cual no era el caso—, y viajó también a la capital para expresar su desacuerdo. El conflicto no se resolvió hasta finales de 1436, cuando se envió al futuro patriarca Gregorio Mammas a reconciliarlos para así evitar una guerra civil. Durante la ausencia de Juan VIII, quien asistió al Concilio de Florencia entre 1437 y 1440,[23] Constantino actuó como regente en Constantinopla, mientras que Teodoro y Tomás permanecieron en Morea.[24] En noviembre de 1443, el regente transfirió el control de Selimbria —que había recibido tras sofocar una rebelión de su hermano menor Demetrio— a Teodoro. A cambio, este último renunció a su cargo, por lo que dejaba a los otros dos como únicos gobernantes del despotado. Este cambio acercó a Teodoro a la capital imperial, pero también convirtió a Constantino en señor de Mistrá, el corazón político y cultural de Morea, y en una de las figuras más poderosas del pequeño imperio.[25] Con los disidentes fuera del camino, los déspotas aspiraban a fortalecer el territorio, que ya se había convertido en el centro cultural del mundo bizantino, y transformarlo en un principado seguro y casi autosuficiente.[26] El filósofo Gemisto Pletón defendía la idea de que, si Constantinopla era la Nueva Roma, Mistrá y Morea podían llegar a ser la «Nueva Esparta»: un reino helénico fuerte, unificado y con identidad propia.[27]
Ataques turcos y ascenso de Constantino XI al trono

Entre las medidas adoptadas por Tomás y su hermano para fortalecer el despotado destacó la reconstrucción del muro de Hexamilión, destruido por los turcos en 1431. Ambos lograron restaurarlo por completo y finalizaron las obras en marzo de 1444.[28] Sin embargo, dos años después, en 1446, el muro sería nuevamente destruido tras el intento de expansión de Constantino hacia el norte y su negativa a cumplir con las exigencias del sultán otomano de desmantelar la estructura.[29] Decididos a defender la muralla, movilizaron todas las fuerzas disponibles, que pudieron alcanzar hasta veinte mil hombres.[30] A pesar de este esfuerzo, la batalla de 1446 terminó en una aplastante victoria turca, de la que ambos apenas lograron escapar con vida. El comandante otomano Turahan Bey se dirigió al sur para tomar Mistrá y arrasar las tierras de Constantino, mientras el sultán Murad II avanzaba por el norte del Peloponeso.[29] Aunque Turahan fracasó en su intento de conquistar la capital, el daño ya estaba hecho: el sultán no buscaba conquistar Morea, sino sembrar el terror. La península quedó devastada y despoblada.[31] Sin fuerzas para resistir más, los déspotas se vieron obligados a aceptar la soberanía otomana y pagar tributo, además de comprometerse a no reconstruir jamás el Hexamilión.[32][33][34]
Ese mismo año, en junio de 1448, murió Teodoro y el 31 de octubre falleció Juan VIII. Los principales candidatos al trono eran Constantino, Demetrio y Tomás. Aunque el fallecido emperador no dejó un heredero designado oficialmente, todos sabían que favorecía al mayor de ellos, y finalmente, prevaleció la voluntad de su madre, Helena Dragaš, quien compartía esa preferencia.[35] Tanto Tomás —sin interés en reclamar el trono— como Demetrio —que sí aspiraba a él— viajaron rápidamente a Constantinopla y llegaron antes que el favorecido.[36] A pesar del apoyo popular al segundo por su postura antiunionista, Helena asumió la regencia y bloqueó cualquier intento de usurpación hasta que el designado arribara. El menor aceptó la proclamación sin resistencia, y el otro terminó sumándose también, aunque a regañadientes.[37] El historiador bizantino y leal a los Paleólogo, Jorge Esfrantzes, informó al sultán Murad II, quien ratificó la ascensión del nuevo emperador.[38] Para alejar Demetrio del entorno palaciego, se le otorgó el título de déspota de Morea para gobernar conjuntamente con Tomás. El primero estableció su centro en Mistrá, con lo que dominó el sur y el este del despotado, mientras que el otro administró Corintia y el noroeste desde Patras o Leontari, según las circunstancias.[39]
En 1451 murió el sultán Murad II, ya anciano y sin intención de conquistar Constantinopla. Le sucedió su joven y ambicioso hijo Mehmed II,[40] decidido a tomar la ciudad a toda costa.[41] En 1452, mientras se preparaba el asedio otomano, Constantino XI envió un mensaje urgente a Morea para solicitar refuerzos. Para evitar el auxilio desde el sur, el sultán envió nuevamente a Turahan Bey para arrasar la península.[42] Esta vez, un ejército comandado por Mateo Asen, cuñado de Demetrio, pudo repeler el ataque, pero la victoria llegó demasiado tarde para brindar apoyo efectivo a la capital bizantina.[43]
Mantenimiento del poder en la Morea
Primeros años bajo dominio otomano

Constantinopla cayó finalmente el 29 de mayo de 1453; Constantino XI murió en su defensa, lo que marcó el fin del Imperio bizantino.[43][44] Después de la caída de la ciudad y la muerte del emperador, una de las principales amenazas para el nuevo régimen otomano era la posibilidad de que algún pariente superviviente del último monarca encontrara apoyo y tratara de restaurar el imperio.[45] Por fortuna para Mehmed II, los dos gobernantes de Morea apenas representaban una molestia menor y se les permitió conservar sus títulos y tierras.[46] Cuando enviados de ambos visitaron al sultán en Adrianópolis meses después, este no exigió ninguna cesión territorial, solo el pago de un tributo anual de diez mil ducados.[47][48] Al permitirse la continuidad del despotado, muchos refugiados bizantinos huyeron hacia esa región, que llegó a funcionar como una suerte de gobierno en el exilio.[49] Algunos cortesanos e influyentes exiliados incluso propusieron proclamar al hermano mayor como nuevo emperador de los romanos y legítimo sucesor de Constantino XI.[50] Ambos príncipes pudieron haber considerado convertir su reducido territorio en el punto de partida para restaurar la antigua grandeza.[46] El despotado aún conservaba tierras fértiles y ricas, lo que hacía pensar que la esperanza no estaba del todo extinguida.[50] Sin embargo, jamás lograron cooperar por lo que en lugar de prepararse para enfrentar a los turcos, gastaron la mayoría de sus recursos luchando entre sí.[46] La distancia personal también contribuyó al fracaso: los hermanos apenas se conocían debido a que uno había pasado casi toda su vida en Morea, mientras que el otro había vivido fuera durante largos años.[41]
Poco después de la caída de Constantinopla, estalló una rebelión contra los déspotas, alentada por los numerosos inmigrantes albaneses que habitaban la región y estaban descontentos con la actitud de los terratenientes griegos.[42] Los recién llegados respetaban a déspotas anteriores, como Constantino y Teodoro, pero despreciaban a los actuales.[51] Sin una autoridad central que los contuviera, vieron su oportunidad para tomar el poder por sí mismos. En la parte occidental del territorio, los rebeldes proclamaron como líder a Juan Asen Zaccaria, hijo del último príncipe de Acaya.[52] En el sector oriental, la revuelta estaba encabezada por Manuel Cantacuceno, nieto de Demetrio I Cantacuceno (gobernante hasta 1384) y tataranieto del emperador Juan VI.[43] Sin esperanzas de vencer a los albaneses por su cuenta, los déspotas recurrieron a la única potencia cercana y suficientemente fuerte para socorrerlos: los otomanos.[50] Mehmed II, decidido a evitar que el despotado cayera en manos ajenas, envió un ejército en diciembre de 1453 para sofocar la rebelión.[53] Esta no sería totalmente aplastada hasta octubre del año siguiente, cuando Turahan Bey llegó en auxilio de los gobernantes locales y ayudó a consolidar su autoridad en la región.[42] Como compensación, el sultán incrementó el tributo anual de diez mil a doce mil ducados.[50]
La esperanza de apoyo de Occidente
Ninguno de los hermanos logró reunir la suma exigida por el sultán y sus posturas políticas pronto se mostraron irreconciliables.[54] Mientras que el mayor —probablemente el más realista de ambos— había perdido casi toda esperanza de recibir ayuda cristiana desde Occidente y consideraba más prudente apaciguar a los turcos, el otro aún confiaba en que el Papado convocaría una cruzada para restaurar el Imperio bizantino.[42] Aquella esperanza no era descabellada; la caída de Constantinopla había causado tanto horror en Europa Occidental como entre los pocos territorios orientales que aún permanecían bajo dominio bizantino. En septiembre de 1453, el papa Nicolás V emitió la bula Etsi ecclesia Christi, para convocar a todos los cristianos de Occidente a tomar la cruz y partir en una cruzada para recuperar la ciudad.[55] La respuesta se recibió con entusiasmo: algunos de los monarcas más poderosos e influyentes del continente se sumaron al llamado. Felipe el Bueno de Borgoña lo hizo en febrero de 1454, y Alfonso el Magnánimo de Aragón y Nápoles en noviembre de 1455, con la promesa de conducir en persona un ejército de cincuenta mil hombres y cuatrocientas naves contra los otomanos. En Fráncfort, el emperador Federico III reunió un consejo de príncipes alemanes y propuso enviar cuarenta mil soldados a Reino de Hungría, donde el enemigo había sufrido una aplastante derrota en Belgrado en 1456.[56] Si las fuerzas combinadas de Hungría, Aragón, Borgoña y el Sacro Imperio Romano Germánico hubieran aprovechado esa victoria, el control otomano en los Balcanes habría estado gravemente comprometido.[57]
A pesar de que los otomanos acababan de consolidar la posición de los déspotas tras sofocar la reciente revuelta albanesa, la posibilidad de recuperar territorios bizantinos con ayuda occidental resultaba demasiado tentadora. En 1456, uno de ellos envió a Juan Argirópulo como emisario a Occidente para explorar esa posibilidad. La elección fue cuidadosamente pensada: el enviado era un ferviente defensor del Concilio de Florencia, lo que le valió una cálida acogida por parte del papa Calixto III, sucesor de Nicolás V. Desde Roma, Argirópulo continuó su misión en Milán, Inglaterra y Francia. Otros enviados se dirigieron a Aragón, debido al compromiso de Alfonso con los planes cruzados, y a Venecia, ya que se buscaba asegurar refugio en sus dominios en caso de un ataque otomano al Morea. La cruzada parecía tan inminente que incluso el hermano mayor, abiertamente hostil a Occidente, moderó su postura y también envió delegados.[58] Es probable que su emisario, Franculio Servópulo, llegara a Roma casi al mismo tiempo que Argirópulo; ambos recorrieron las cortes europeas por separado, pero con objetivos similares. Sin embargo, ni siquiera en el ámbito diplomático lograron cooperar. La rivalidad y desconfianza entre ellos seguía siendo más fuerte que cualquier interés común.[59]
Guerra civil de Morea y caída del despotado

Al final, ninguna cruzada partió para enfrentar a los otomanos. Convencidos de que la ayuda llegaría y sin fondos suficientes, los déspotas dejaron de pagar el tributo anual durante tres años.[59] Sin ingresos provenientes de Morea y ante la amenaza creciente de una intervención occidental, Mehmed II perdió la paciencia con los Paleólogo.[60] En mayo de 1458, su ejército partió de Adrianópolis e invadió la península. La única resistencia verdadera se presentó en Corinto, dentro del territorio administrado por el mayor de los hermanos.[42][61] El sultán dejó su artillería para sitiar la ciudad y avanzó con la mayor parte de sus tropas hacia el norte, bajo control del otro gobernante, donde arrasó extensas zonas y forzó la rendición de varias localidades.[62][63] Corinto capituló finalmente en agosto, tras la caída de muchas otras ciudades. Como castigo, se impuso una dura represalia: gran parte del norte y el oeste —incluyendo Corinto y Patras— se integró al Imperio otomano y puesto bajo administración turca. A los antiguos señores solo se les permitió conservar el sur, con la capital nominal, Mistrá, bajo la condición de reanudar el pago del tributo.[64]
Casi de inmediato, ambos retomaron sus disputas. La victoria otomana solo agudizó la hostilidad entre ellos.[64][65] Uno adoptó una postura aún más pro-turca, alentado por la promesa del sultán de casarse con su hija Helena, mientras que el otro, privado de casi todo su territorio —incluida su capital—, depositó sus esperanzas en una intervención occidental. En enero de 1459, este último se rebeló contra su hermano y los otomanos al aliarse con varios señores albaneses.[66][67] Lograron tomar Kalávrita y buena parte del centro de Morea, además de sitiar Kalamata y Mantinea, ambas en manos del otro déspota.[68] En respuesta, su rival se apoderó de Leontari y pidió auxilio a los gobernadores turcos del norte. Se hicieron numerosos intentos por reconciliarlos.[69] El propio Mehmed ordenó al obispo de Lacedemonia que los obligara a jurar paz, pero cualquier tregua duraba apenas semanas.[70] Los nobles locales solo podían observar con horror cómo el conflicto civil consumía la región.[69] El historiador Jorge Esfrantzes resumió el conflicto así:
Ambos hermanos luchaban entre sí con todos sus recursos. El señor Demetrio depositaba su esperanza en la amistad y ayuda del sultán, alegando que sus súbditos y castillos habían sido agraviados, mientras que el señor Tomás se basaba en que su oponente había cometido perjurio y que luchaba contra un impío.[69]
Aunque Demetrio tenía más soldados y recursos, Tomás pudo apelar a Occidente en busca de ayuda. Tras una escaramuza exitosa contra las fuerzas otomanas, envió a Roma dieciséis prisioneros turcos junto con parte de su guardia armada, para convencer al Papa de que libraba una guerra santa contra el islam. La estrategia dio resultado: el pontífice envió trescientos soldados italianos bajo el mando del condotiero milanés Giannone de Cremona.[71] Con esos refuerzos, la balanza se inclinó a su favor. Su hermano, en clara desventaja, se refugió en Monemvasia y envió a Mateo Asen a Adrianópolis para suplicar ayuda al sultán.[69] Los llamamientos a Occidente representaban una amenaza real para los otomanos, aún más con el apoyo vocal del cardenal Besarión, refugiado bizantino y defensor apasionado de la causa.[72] En 1459, el papa Pío II convocó un concilio en Mantua y envió a Besarión y otros emisarios a predicar la cruzada por toda Europa.[73][74][64][75]
Decidido a someter definitivamente a Grecia, el sultán concluyó que la única solución viable era la destrucción del despotado y su anexión total al imperio. En abril de 1460, reunió nuevamente a su ejército y lo condujo personalmente, primero hacia Corinto y luego hacia Mistrá.[70] Aunque el hermano leal a los otomanos había mantenido una actitud sumisa, su territorio fue el primero en ser invadido.[76] Temiendo represalias y habiendo ya enviado a su familia a resguardarse en Monemvasia, se rindió sin combatir. Mistrá cayó en manos turcas el 29 de mayo de 1460, exactamente siete años después de la caída de Constantinopla.[77] Las pocas localidades que osaron resistir serían arrasadas conforme a la ley islámica: los hombres masacrados, mujeres y niños llevados como botín. Muchos refugiados griegos huyeron hacia territorios controlados por Venecia, como Modona y Corone. Así, la Morea se pacificó poco a poco hasta que en julio de 1461 cayó el último foco de resistencia en Salmenico, gobernado por Constantino Graitzas Paleólogo, pariente de los antiguos déspotas.[70][78][79]
Exilio y últimos años

Al enterarse de la invasión otomana, Tomás buscó inicialmente refugio en Mantinea,[76] a la espera de ver cómo se desarrollaban los acontecimientos. Pero cuando quedó claro que las tropas de Mehmed se dirigían a Leontari y se aproximaban a su posición, huyó junto a su séquito —que incluía nobles griegos como Jorge Esfrantzés—, su esposa Catalina y sus hijos Andrés, Manuel y Zoe hacia Modona.[80] Desde allí, con ayuda de naves venecianas, zarparon hacia la isla de Corfú, donde llegaron el 22 de julio de 1460.[76][81] Aunque su familia permaneció en Corfú, para él fue solo un refugio temporal.[80] Las autoridades locales no estaban dispuestas a acogerlo indefinidamente por temor a represalias otomanas. Intentó trasladarse a Ragusa, pero el senado de la ciudad rechazó firmemente su llegada. Casi al mismo tiempo, Mehmed II le envió emisarios proponiéndole un «tratado de amistad», así como tierras a cambio de su retorno a Grecia. Sin tener claro cómo actuar, Tomás envió delegaciones tanto al sultán como al Papa para explicar su situación. Las autoridades en Veria encontraron a la embajada enviada a Mehmed y la arrestaron inmediatamente, a pesar del tono conciliador del mensaje.[76]
Días después liberaron a los enviados con una advertencia clara: o Tomás debía presentarse ante el sultán en persona, o enviar a alguno de sus hijos. Ante esta amenaza, decidió que su única esperanza residía en Occidente. El 16 de noviembre de 1460, dejó a su familia en Corfú, embarcó rumbo a Italia y desembarcó en Ancona.[82] En marzo del año siguiente llegó a Roma,[83][84] con la esperanza de convencer al papa Pío II de organizar una cruzada.[80] Como hermano del último emperador bizantino, era la figura exiliada de mayor perfil entre los cristianos que habían huido de los Balcanes.[85][86]
Al llegar, el pontífice lo recibió y le concedió la Rosa de Oro, alojamiento en el Ospedale di Santo Spirito in Sassia y una pensión mensual de trescientos ducados. A ello se sumaron otros doscientos ducados al mes de parte de los cardenales y quinientos adicionales de la República de Venecia, que le rogó no regresar a Corfú para no tensar aún más sus relaciones con los otomanos. Sin embargo, sus seguidores consideraban insuficiente este apoyo financiero, pues apenas bastaba para mantener al propio déspota, mucho menos a su séquito.[87] A pesar de ello, la Santa Sede lo reconoció como legítimo déspota de Morea y heredero del Imperio bizantino, aunque nunca reclamó formalmente el título imperial.[88]
Durante su estancia en Roma, por su altura y apariencia distinguida, sirvió como modelo para la estatua de san Pablo que aún hoy se encuentra frente a la Basílica de San Pedro. El 12 de abril de 1462, entregó al Papa la supuesta calavera de san Andrés, reliquia de gran valor que había estado en posesión de los bizantinos durante siglos.[82][89] Su llegada a Roma se celebró como un momento profundamente simbólico: san Andrés, hermano de san Pedro, había fundado la Iglesia de la «Nueva Roma» —Constantinopla—, al igual que Pedro fundó la «Antigua Roma». A pesar de que la unión de Florencia había sido rechazada por gran parte del pueblo ortodoxo, la Iglesia occidental seguía comprometida con ella. La figura de Tomás —católico uniata, portador de una reliquia sagrada y suplicante ante el Vicario de Pedro— motivó a Pío II a organizar una de esas grandes ceremonias simbólicas que caracterizaban a los pontífices del Renacimiento.[90] El evento fue tan significativo que quedó plasmado en la tumba del propio Papa.[87]
Durante la década de 1460, los planes de cruzada resurgieron. La recuperación de Constantinopla era uno de los objetivos principales de Pío II, y en el concilio de Mantua (1459) se había logrado la promesa de un ejército de hasta ochenta mil hombres por parte de diversas potencias europeas. El apoyo naval se consolidó en 1463, cuando Venecia declaró la guerra a los otomanos tras varias incursiones en sus territorios griegos. En octubre de ese mismo año, Pío II declaró formalmente la guerra al Imperio otomano luego de que Mehmed rechazara su oferta de conversión al cristianismo.[91] Mientras muchos exiliados balcánicos se resignaban a una vida de anonimato en Occidente,[85] Tomás mantenía la esperanza de restaurar el dominio bizantino en Grecia, y apoyó con entusiasmo los planes de cruzada.[91][88]
A comienzos de 1462, salió de Roma para recorrer Italia en busca de apoyo, llevando consigo cartas de indulgencia papales.[92][88] En ellas, Pío lo describía como «un príncipe nacido de la ilustre y antigua familia de los Paleólogo... un hombre hoy inmigrante, despojado de todo salvo su linaje».[88] Como su padre Manuel II y su hermano Juan VIII antes que él, Tomás poseía un carisma regio y porte noble que le facilitaban la simpatía de quienes lo conocían. El embajador de Mantua en Roma lo describió como «un hombre apuesto, de semblante serio y noble», mientras que los enviados milaneses lo consideraron «tan digno como cualquier otro hombre sobre la Tierra». Solo Venecia se opuso abiertamente a su causa debido a que no solo le exigió abandonar la ciudad, sino que el senado envió emisarios a Roma para impedir que formara parte de la expedición militar con el argumento de que su presencia provocaría «escándalos terribles e incongruentes». Su enemistad con los venecianos probablemente se debía a sus ataques contra sus territorios durante su gobierno o al conflicto fratricida que había precipitado la caída del despotado. A pesar de sus esfuerzos, ninguna expedición zarpó hacia Grecia. Cuando finalmente se reunió el ejército en 1464, Pío II viajó a Ancona para unirse a la cruzada, pero murió allí el 15 de agosto. Sin su liderazgo, la empresa se desintegró rápidamente, y las naves regresaron una a una a sus puertos.[92]
Tras la muerte de Catalina en agosto de 1462,[93] Tomás mandó llamar a sus hijos desde Corfú, pero estos llegaron a Roma después de su fallecimiento, ocurrido el 12 de mayo de 1465.[94] Aunque tras la muerte del Papa había sido prácticamente olvidado por la élite romana, recibió sepultura con todos los honores en la Antigua basílica de San Pedro.[88][87][94] Su tumba logró sobrevivir a la destrucción de los sepulcros imperiales bizantinos en Constantinopla durante los primeros años del dominio otomano.[95] Sin embargo, los intentos modernos por localizarla en la Basílica han resultado infructuosos.[87]
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Ancestros y descendencia
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Contexto

Se acepta generalmente que Tomás Paleólogo tuvo cuatro hijos con su esposa, Catalina Zaccaria,[100][80] número señalado por el cronista Jorge Esfrantzes.[101] Estos fueron:[102][103]
- Helena Paleólogo (1431 - 7 de noviembre de 1473), la mayor de las dos hijas, se casó con Lazar Branković, hijo de Đurađ, déspota de Serbia. Desde mucho antes de la caída de la Morea, Helena ya vivía en Smederevo con su esposo, quien llegó a gobernar Serbia en 1456. Tras enviudar en 1458, quedó a cargo de sus tres hijas. Un año después, el sultán Mehmed II invadió Serbia y puso fin al despotado, aunque a ella se le permitió abandonar el país. Tras una estancia en Ragusa, se instaló en Corfú con su madre y hermanos. Más tarde ingresó en la vida monástica en la isla de Léucade, donde falleció en 1473. Aunque tuvo numerosos descendientes a través de sus hijas Jelena, Milica y Jerina Branković, ninguno llevó el apellido Paleólogo.[93]
- Zoe Paleólogo (c. 1449 - 7 de abril de 1503), la hija menor, viajó a Rusia en 1472 para casarse con Iván III, gran príncipe de Moscú, por iniciativa del papa Sixto IV, quien albergaba la esperanza de convertir a los rusos al catolicismo. Sin embargo, la boda se celebró según el rito ortodoxo y la conversión no ocurrió. En Rusia recibió el nombre de Sofía, y su matrimonio consolidó la idea de Moscú como la «Tercera Roma», sucesora espiritual e ideológica del Imperio bizantino. Tuvo varios hijos con Iván III, entre ellos los antecesores de Iván el Terrible, el primer zar coronado de Rusia. Aunque ninguno de sus descendientes llevó el apellido Paleólogo, muchos adoptaron la simbología del águila bicéfala bizantina.[93]
- Andrés (17 de enero de 1453 - junio de 1502), el mayor de los hijos varones, vivió la mayor parte de su vida en Roma, sostenido por una pensión papal que fue disminuyendo con los años. A la muerte de su padre el papado y algunos círculos italianos lo reconocieron como legítimo heredero del Despotado de Morea. Posteriormente adoptó el título de «Emperador de Constantinopla», con la esperanza de restaurar el Imperio bizantino. En 1481 intentó organizar una expedición con ese fin, pero fracasó. Más tarde cedió sus derechos imperiales a Carlos VIII de Francia, esperando que éste liderara una cruzada contra los turcos. Murió en la pobreza en Roma. Se desconoce si dejó descendencia, aunque su testamento legaba sus títulos a los Reyes Católicos, quienes nunca los utilizaron.[104][105]
- Manuel (2 de enero de 1455 - antes de 1512), el menor de los cuatro, también residió en Roma, donde sobrevivió gracias al apoyo económico papal, como su hermano. Sin títulos que ofrecer ni medios estables, recorrió Europa buscando empleo militar, sin éxito. Sorprendiendo a todos, en 1476 partió a Constantinopla y se entregó a la misericordia del sultán Mehmed II, quien lo recibió con generosidad. Se casó con una mujer de identidad desconocida y permaneció en la ciudad hasta su muerte. Tuvo dos hijos: uno murió joven, y el otro se convirtió al islam, perdiéndose luego su rastro.[93][103]
Sin embargo, la información sobre los hijos de Tomás no es del todo clara. Esfrantzes, por ejemplo, afirma que Catalina tenía 70 años al morir, lo que implicaría que habría dado a luz a Manuel a los 65, algo altamente improbable. Además, se sabe de al menos una hija más, cuyo nombre se desconoce, que murió en la infancia, según consta en una oración fúnebre.[101] Otras fuentes difieren en el número de hijos. Algunos autores, como Charles du Fresne (1680), coinciden con Esfrantzes al mencionar cuatro. En cambio, Antonio Albizzi (1627) solo reconoce a los dos varones, Andrés y Manuel; y León Alacio (1648) añade incluso un tercer hijo, llamado Juan. Esta variedad de versiones sugiere que ya poco después de la muerte de Tomás existía incertidumbre sobre la composición exacta de su familia.[106]
El genealogista Peter Mallat concluyó en 1985 que esta confusión, junto con el hecho de que entre Helena y Zoe hay casi dos décadas de diferencia, sugiere la posibilidad de que Tomás tuviera más hijos de los reconocidos.[107] Algunas genealogías italianas de los siglos XVII en adelante mencionan incluso a dos hijos más: un bastardo llamado Rogerio y otro legítimo también llamado Tomás. No obstante, la historiografía moderna descarta casi por completo la existencia de ambos.[108] Se ha encontrado mención a un «Tomás Paleólogo, déspota de la Morea» casado con una hermana de la reina Isabel de Chiaromonte en 1444, lo cual resulta imposible si se tratara del mismo Tomás, quien ya estaba casado y gobernaba entonces en la Morea.[107] En cuanto a Rogerio, su existencia se basa en documentos no verificados y en tradiciones orales de una supuesta descendencia, los «Paleólogo Mastrogiovanni», cuyas afirmaciones resultan inconsistentes entre sí.[109] Es significativo que Esfrantzes, al narrar el nacimiento de Andrés en 1453, lo describiera como «continuador y heredero» del linaje Paleólogo, una expresión difícil de sostener si Andrés no hubiese sido el primogénito legítimo.[110]
Finalmente, hacia fines del siglo XVI, una familia con el apellido Paleólogo, establecida en Pésaro (Italia), afirmaba descender de un supuesto tercer hijo de Tomás, llamado Juan. Esta rama familiar se trasladó luego a Cornualles (Inglaterra) y destacó por figuras como Teodoro Paleólogo, mercenario y asesino a sueldo, y Fernando Paleólogo, quien terminó sus días en Barbados a fines del siglo XVII.[111] No existe ninguna prueba concluyente sobre la existencia de este Juan, que no aparece en fuentes contemporáneas.[112] Podría tratarse de un hijo ilegítimo o nieto a través de Andrés o Manuel. Alatio lo menciona en 1648, pero demasiado tarde como para ser fuente independiente.[113] En Pésaro también se hallan documentos sobre un tal Leone Paleólogo, lo cual podría confundirse con Ioannes (Juan) debido a la similitud de los nombres en latín (Leonis y Ioannes).[114]
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Referencias
Bibliografía
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