Trastornos del espectro autista

conjunto de trastornos generalizados del desarrollo / De Wikipedia, la enciclopedia libre

Los trastornos del espectro del autista o TEA (del inglés autistic spectrum disorders o ASD) abarcan un amplio espectro de trastornos[2] que, en su manifestación fenotípica,[3] se caracterizan por deficiencias persistentes en la comunicación social y en la interacción social en diversos contextos, unidas a patrones restrictivos y repetitivos de comportamiento, intereses o actividades.[4] Estos rasgos han de estar presentes en las primeras fases del período de desarrollo de la persona, aunque pueden no manifestarse totalmente hasta que las demandas sociales superan sus limitaciones. También pueden permanecer enmascarados por estrategias aprendidas.[4]

Quick facts: Autismo, Especialidad, Síntomas, Complicacion...
Autismo

La rigidez en ciertos patrones de orden espacial para los objetos es un comportamiento asociado a veces con individuos con autismo.
Especialidad Psicología clínica, Psiquiatría, Pediatría, Medicina del trabajo
Síntomas Deficiencias en la interacción social tanto con comunicación verbal como no verbal
Presencia de intereses restringidos y comportamiento repetitivo
Complicaciones Aislamiento social, Problemas educativos y laborales,[1] Ansiedad,[1] Estrés,[1] Acoso,[1] Autolesiones
Inicio habitual Infancia temprana
Duración Toda la vida
Causas Desconocidas
Diagnóstico Basado en la observación del comportamiento y el desarrollo
Diagnóstico diferencial Discapacidad intelectual, Ansiedad, Depresión, Síndrome de Rett, TDAH, Esquizofrenia, Mutismo selectivo
Tratamiento Terapia de la conducta, Psicoactivo
Frecuencia <3 % de la población mundial (<234 millones de personas en 2020)[cita requerida]
eMedicine med/3202 ped/180
Sinónimos
TEA
Trastorno autista
Autismo clásico
Kanneriano
Autismo
Close

La historia del estudio científico del autismo[5] comienza con la publicación en 1943 del artículo «Autistic disturbances of affective contact» («Trastornos autistas del contacto afectivo»),[6] de Leo Kanner (1943), pero sufrirá diversos avatares que retrasarán el avance de la investigación hasta bien entrada la década de 1960.[5] No obstante, la primera descripción científica de los TEA la encontramos en 1925, gracias al trabajo de la psiquiatra infantil soviética Grunia Efimovna Sujareva, que había descrito en detalle esta condición veinte años antes,[7] aunque sus investigaciones cayeron en el olvido; otro tanto sucedió con las primeras observaciones de Hans Asperger, publicadas en 1944 pero que solo serían tenidas en consideración bastantes años después.

Durante mucho tiempo, el autismo fue considerado un trastorno infantil. Sin embargo, hoy día se sabe que se trata de un cuadro psicológico permanente que acompaña a la persona a lo largo de todo su ciclo vital. Aunque aún no está clarificada su etiología, los trastornos del espectro autista parecen estar causados por la interacción entre una susceptibilidad genética heredable y factores epigenéticos y ambientales que actúan durante la embriogénesis.[8][9][4] Las controversias rodean a algunas causas ambientales propuestas;[10] por ejemplo, las hipótesis de vacuna son biológicamente inverosímiles y han sido refutadas por estudios científicos.

Antes de la publicación del DSM-5 en 2013, el llamado trastorno autista (referido también como autismo clásico, autismo kanneriano o, simplemente, autismo) constituía según el DSM-IV una subcategoría de los trastornos generalizados del desarrollo, dentro de los cuales se incluía también el trastorno de Rett, el trastorno desintegrativo infantil, el trastorno de Asperger y el trastorno generalizado del desarrollo no especificado.[11] Este último se diagnosticaba cuando no se cumplían la totalidad de los criterios para los demás trastornos.[12] Actualmente, esta clasificación ha cambiado.[13] El DSM-5 incorpora, de acuerdo con los resultados de investigaciones posteriores, el concepto de «espectro» que había sido propuesto por primera vez por Lorna Wing a raíz de un estudio realizado junto con Judith Gould en 1979.[5]

En cuanto a la intervención, las terapias que ofrecen mayor respaldo científico son las cognitivo-conductuales.[14] Estas tienen como finalidad mejorar la calidad de vida de estas personas.

Algunas cuestiones pendientes de investigar en este ámbito son las diversas manifestaciones que revisten los TEA en la edad adulta[15] y en las mujeres. Se dice que su incidencia es mayor en los hombres, pero se ha sugerido que este dato no es exacto por cuanto las manifestaciones en el sexo femenino son diversas al masculino.[16]